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A ellos se les abrieron los ojos

A ellos se les abrieron los ojos

Hay páginas en los evangelios que llegan fácilmente al corazón. Una de ellas esta del camino de Emaús. Páginas cordiales.

Se dice en el texto de este domingo algo sorprendente: que a aquellos dos que iban a la finca de Emaús, discípulo y discípula, SE LES ABRIERON LOS OJOS cuando partió el pan, cuando repartió el pan. No se les abrieron cuando caminaba a su paso, cuando les explicaba las Escrituras o cuando se puso a cenar. Lo reconocieron en su manera de repartir el pan. Entonces se dijeron: ¡Este es!

¿Qué manera era aquella que tenía tal poder de evocación? Parece que Jesús hacía gestos significativos que hablaban de su idea del reino. Uno de ellos, trastocar los esquemas sociales y comenzar por los últimos (ver Mt 20,8). En los banquetes se comenzaba repartiendo la comida por los más principales y a los menos se les daba (si llegaba) al final. Jesús empezaba por los últimos para indicar que así será en el reino.  Y al hacer ese gesto, le reconocen.

Si esto es así, la propensión a los últimos es un rasgo de la fe de Jesús y de la de sus seguidores que habrán de repetir sus gestos. ¿Cómo es una fe que tiende a los últimos?

- Respetuosos con los últimos: porque merecen un respeto mayor dada su situación de precariedad. Palabras respetuosas y gestos respetuosos.

- Posicionados con los últimos: de salida, ponerse de su lado. ¿Qué haríamos nosotros si estuviéramos en su misma situación?

- Solidarios con los últimos: seguir en la línea en la que caminamos: nuestros bienes no son solamente nuestros; algo tienen que decir sobre ellos los pobres.

Estamos en una época en la que posicionarse con los últimos te significa y te marca. ¿Cómo es posible que personas que dicen creer, que van a misa el domingo, que se presentan como católicos sean tan beligerantes con los descartados sociales? Cuando hablan de cristianismo ¿de qué cristianismo hablan? ¿Cómo es posible que haya algunos jerarcas en esa línea? ¿Dónde queda la humanidad? Nos sentimos consternados.

Pero por mucha que sea la oposición a los últimos, la solidaridad con ellos brota imparable. Decía el conocido periodista Carlos Hernández muerto a los 56 años en su carta de despedida: «creo que mi último pensamiento, la última imagen que pasará por mi cerebro antes de apagarse será la de los niños masacrados en Gaza y la de los palestinos supervivientes afrontando un terrible futuro». Uno que muere así está en la misma línea de Jesús que piensa en los últimos. Ánimo para nosotros.

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