Bienaventurados los que crean sin haber visto
Las primeras experiencias de la resurrección nos siguen iluminando. Aceptemos con gozo su luz.
Una de esas experiencias es la de Tomás por la que se añade una bienaventuranza en el evangelio de san Juan a las que ya conocemos de Mateo y Lucas: BIENAVENTURADOS LOS QUE CREAN SIN HABER VISTO. Es decir: tiene suerte quien es capaz de confiar tanto en Jesús que no necesita para adherirse a él ver y tocar lo que se le promete. Confía y basta.
Es que habría que distinguir entre la fe que necesita ver y la que no necesita ver, entre la fe que confía y aquella a la que le cuesta confiar, entre la fe que todo lo quiere comprobar y la que se apoya en la promesa de Jesús.
No hemos trabajado nuestra fe, no nos hemos preguntado sobre ella: creemos, vivimos buenamente como cristianos y punto. Pero ¿cómo creemos? ¿Con qué confianza creemos? ¿Puede nuestra manera de creer aguantar el embate de la secularidad? No son cosas teóricas, sino vivenciales. Unas pistas, por si sirven:
- Es tiempo de superar la fe rutinaria: la fe del carbonero, aquella que nos llevaba a comulgar con ruedas de molino, a aceptar lo que se nos decía sin rechistar. Esa época ha pasado. Nos hace falta un poquito más de sentido crítico.
- No parece ser buena la fe que lo cuestiona todo: porque hay cristianos que, a nuestro parecer, con excesiva acritud, censuran todo en la Iglesia pero no plantean un camino por el que andar hoy. Quejarse sin proponer algo es estéril.
- Puede ser positivo tener una fe de caminante: lo que quiere decir que hay que ir solventando los problemas conforme van apareciendo y que una fe cultivada podrá ir encontrando soluciones, aunque sean precarias. Tenemos la inestimable presencia del resucitado y el amparo de la comunidad cristiana. Pero somos caminantes.
El tiempo de Pascua es bueno para renovar la orientación de nuestra manera de creer. Quizá haya que comenzar por pensarlo, por convencerse de que esta es una tarea de la fe y que vivir la fe sin pensarla lleva al empobrecimiento. Y, a continuación, como lo decimos tantas veces, habría que animarse a participar en algo de la parroquia, la comunidad o la vida ciudadana. Si no nos lleva a una participación la fe corre el riesgo de quedar en el aire.
La vida cristiana es fundamentalmente práctica, camino ético, compasión en activo. Pero puede ayudar mucho el pensar, el meditar, el caer en la cuenta. Solo de esa manera podrá mantenerse en pie la fe en esta época que nos ha tocado vivir. Muchas personas que no creen añoran la fe. Nosotros que la tenemos cultivémosla para que podamos creer sin haber visto, para que mantengamos la adhesión a Jesús por encima de interrogantes. ¡Vivamos la Pascua con intensidad!