Pasión de Dios, pasión por el mundo
Tras la escucha del amplio relato de la pasión según el evangelio de Juan, la mejor respuesta es el silencio. Pero pongamos un punto de reflexión.
Hemos leído la pasión de Jesús que, en realidad, contiene dos pasiones: su pasión por Dios y su pasión por la persona, ambas unidas. No nos cabe duda de que Jesús fue un apasionado de Dios, que lo buscó con anhelo y que lo amó hasta llamarlo con la lengua de los niños: Abba. Y tampoco nos cabe duda de que la pasión por la persona anidó en su corazón, sobre todo la pasión por las personas frágiles. No es Jesús un apático impasible, sino un apasionado que ama.
Si a la fe le falta ese punto de pasión derivará en un conglomerado frío de verdades que no tocará ningún corazón. ¿Cómo vivir unas fe apasionada, cautivada y cautivadora?
- Un Dios en el fondo del corazón: porque hemos heredado un Dios en la cabeza habría que bajarlo al corazón, a las emociones simples del alma. ¿No dice el mandamiento “amarás a Dios con todo el corazón”?
- Un Jesús que nos cautive: o, como dice el evangelio de san Juan, que se “manifieste”, que nos envuelva, que nos deslumbre. De lo contrario, ¿cómo podríamos enamorarnos de él?
- Una manera luminosa de ver la vida: huyendo de cualquier visión negativizadora que haga amarga la vida social reencantando el mundo con todo lo hermoso y positivo que contiene.
Es posible que nuestra manera de pensar la fe, nuestras asambleas, nuestras reuniones, nuestros sacramentos los vivamos de manera tan fría que dejen impasible a cualquiera. ¿Y si pusiéramos un poco más de pasión, de vehemencia, de imaginación? ¿No nos vendría bien liarnos un poco la manta a la cabeza y vivir la fe de manera creativa y sorprendente?
Dice la escritora francesa Mme. De Chatelet que “habría que pedir pasiones a Dios más que indulgencias”. ¿Sería imposible decretar un año de pasión por Dios y pasión por el mundo en lugar de una año jubilar a los que somos tan dados últimamente? Pensarlo ya es un paso. De todos modos, leer la pasión de Jesús apasionadamente es la mejor manera de hacerlo.