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Adoradores en espíritu y en verdad

Adoradores en espíritu y en verdad

Hemos de animarnos a leer el evangelio desde sus expresiones difíciles que nos suenan poco. Con frecuencia encierran mucho sentido.

Dice el evangelio de este domingo que, según Jesús, los verdaderos adoradores de Dios LO ADORARÁN EN ESPÍRITU Y VERDAD. O sea, el verdadero culto no se dará ni en Jerusalén (como decían los judíos), ni en el monte Garizim (como decían los samaritanos), ni en ningún otro lugar. Se dará en cualquier parte por obra de quienes adoren a Dios en Espíritu y en Verdad. ¿Qué quiere decir esto?

Por una parte, adorar a Dios en Espíritu es adorarlo en el espíritu de Jesús, en sus anhelos más profundos, en sus sueños de justicia y de felicidad para los humanos, sobre todo para los más frágiles. Sin conectar con el sueño de la justicia no se puede adorar en Espíritu. Y, por otra parte, adorar en Verdad es adorarlo en la verdad más intransferible de de Jesús que es su misericordia. Por tanto, adorar en Espíritu y Verdad es adorar a Dios desde la justicia y la misericordia.

Si lo viéramos así, ¿cómo ir siendo adoradores en Espíritu y Verdad?

- No mates el niño interior: que es lo mismo que decir, sigue creyendo en los mejores sueños de lo humano. No te conviertas en un realista que desecha la posibilidad de un mundo distinto.

- No te apees de la justicia: no pienses que eso de la justicia es algo que está obsoleto y que luchar por ella es haberse quedado en mayo del 68. Mientras haya alguien oprimido, y los hay a millones, la causa de la justicia será necesaria.

- Haz trabajos compasivos: no solamente no te avergüences de ser compasivo, haz bandera de la compasión para que la sociedad no muera por la maldad de los opresores.

Puede que haya quien tilde a todo esto de mística barata. Pero necesitamos mantener vivos los anhelos porque si no el día a día nos devora. Tenemos que repetirnos muchas veces aquel consejo del libro de Eclesiastés: “Siembra la bondad por la mañana y por la tarde porque no sabes cuál de las dos cosechas será la buena; quizá las dos” (Ecl 11,6). Que no muera la mística en nuestra vida.

Hay una hermosa oración titulada “Adora y confía” atribuida a T. de Chardin que concluye así: Recuerda, cuanto te deprima e inquiete es falso. Te lo aseguro en el nombre de las leyes de la vida y de las promesas de Dios. Por eso, cuando te sientas apesadumbrado, triste… adora y confía.

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