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Que vean vuestras buenas obras

Que vean vuestras buenas obras

La lectura de la Palabra ha de ser realista para no desconectarla con la realidad y utópica para alimentar sueños, tan necesarios para la vida.

El evangelio de este domingo anima a QUE SE VEAN VUESTRAS BUENAS OBRAS. Normalmente se suele entender como “obras de caridad”: el buen comportamiento de quien es bondadoso, de quien se siente conmovido y echa una mano al pobre. Esas buenas obras propias del cristiano son las que se tendrían que ver.

Pero quizá hay algo más: las obras de la compasión y de la justicia son las que conforman la identidad cristiana. Efectivamente, según el evangelio no se es buen cristiano por razones y comportamientos religiosos, sino por razones éticas. De un comportamiento bondadoso y solidario se deduce la pertenencia o no al grupo de seguidores/as de Jesús. ¿Tienes en tu haber buenas obras?, eres seguidor/a; ¿no las tienes?, aún no eres seguidor/a.

¿Cómo han de ser las obras del seguidor/a de Jesús?

- Obras escondidas: sin que tu mano izquierda no sepa lo que la hace tu derecha (Mt 6,3), sin publicidad, sin bombo y platillo, sin hambrear el aplauso, sin pretender conseguir fama de bueno. Bueno “en lo escondido” donde el Padre lo ve (Mt 6,4).

- Obras arriesgadas: que comporten el riesgo de perder la buena fama para que salga beneficiado quien es cuestionado socialmente. Por eso le llamaron a Jesús “comilón y borracho” (Mt 11,19). Buenas obras que no temen la crítica y el menosprecio de los bienpensantes.

- Obras luminosas: que abran horizontes, que sugieran caminos, que animen a lo nuevo, que se desprendan de rutinas y de caminos trillados. Obras que hablen el lenguaje de futuro de quien atisba lo nuevo (Ap 21,5).

En definitiva, todos lo sabemos, las obras del seguidor/a son obras de justicia, de compasión y de inclusión. Obras de humanidad. Por eso mismo, las obras evangélicas no se valoran por la cantidad de lo que se da, sino por la actitud del corazón que se entrega (Lc 21,3-4). Se podría glosar la frase evangélica: “que vean vuestro corazón humano a través de vuestras obras de humanidad”.

Con toda razón decía san Francisco de Asís: “Es grandemente vergonzoso que los santos hicieron las obras buenas y nosotros, con solo contarlas, queremos recibir gloria y honor”. O sea: al final de todo lo que nos define es lo que hacemos. Ese es el lenguaje de nuestra vida y de nuestra fe. Ese es el evangelio que muchos van a leer. Por eso este asunto es tan importante.

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