Bienaventurados los mansos
A lo largo del año leemos varias veces el texto de las bienaventuranzas y siempre nos impacta. Eso muestra que nuestro corazón es sensible a la Palabra. Buena señal.
Queremos subrayar ahora una de esas bienaventuranzas de las que casi nunca se habla: BIENAVENTURADOS LOS MANSOS. Hasta la palabra nos parece inaceptable porque una persona “mansa” es como alguien sin sangre, sin arrestos, sin decisión. Un cero a la izquierda.
Sin embargo, la mansedumbre puede ser un valor importante para la convivencia humana y para la fe. Hay pensadores que han elogiado la mansedumbre porque, según ellos, las personas pueden mantener una actitud moderada y pacífica en su vida diaria, incluso en situaciones difíciles. Eso haría más transitable el caminar humano.
Piensan algunos que la mansedumbre es una característica de gente débil, un contravalor. No es así: para vivir con mansedumbre hay que ser muy fuerte, hay que estar habitado por la esperanza y la utopía. Solamente los fuertes pueden vivir con mansedumbre.
¿Qué es, pues, la mansedumbre? ¿Cómo decirlo de una manera que nos la haga atractiva y vivible?
- La mansedumbre tiene que ver con la moderación: el exceso, el despilfarro, la desmesura no tienen nada que ver con la mansedumbre. Esta exige un control explícito del derroche y, junto a eso, un cuidado manifiesto en palabras y hechos para no herir al pobre.
- La mansedumbre tiene que ver con la empatía: porque no se puede vivir la mansedumbre en el egoísmo, en la conciencia aislada, en la cerrazón del yo a las situaciones de debilidad del otro.
- La mansedumbre tiene que ver con la templanza: con poner buena cara a las situaciones complicadas, con resistir cuando las cosas no vienen bien, con no quebrarse a la primera dificultad.
Hay gente luchadora que invoca la mansedumbre. Lo hacía hace no mucho Francesca Albanese la insobornable relatora de la ONU para Gaza. La justicia se elabora con mansedumbre y con resistencia, venía a decir. Quien es amante de la justicia, quien sueña un día de paz para los pobres tiene que ir tras ese sueño con humanidad y mansedumbre, no con métodos violentos que destruyen el horizonte de la justicia,
El recordado papa Francisco decía: «La mansedumbre es un modo de ser y de vivir que nos acerca a Jesús y nos hace estar unidos entre nosotros; logra que dejemos de lado todo aquello que nos divide y enfrenta, y se busquen modos siempre nuevos para avanzar en el camino de la unidad». En medio de un ambiente polarizado, los cristianos podríamos reivindicar una vida en mansedumbre y fraternidad. ¿No decimos que el evangelio es contracultural?