Se pusieron en camino
Subrayar un detalle ilumina, a veces, todo el texto. Y así, detalle a detalle, el texto del evangelio puede resultarnos vivo y atrayente.
En el pasaje que hemos leído se menta dos veces a los caminos: SE PUSIERON EN CAMINO y SE RETIRARON POR OTRO CAMINO. Aquellos magos chamarileros son gente de caminos, itinerantes, transeúntes, sin techo. Gente en el desamparo y la fraternidad de los caminos. Estos “pobres” son los que tienen otra mirada para ver más allá de las pobrezas que rodean a Jesús y descubrir en él la promesa del reino nuevo.
La fe que dimana del evangelio es, por ello, una fe para los caminos, para el cambio, para vivir en desamparo y en fraternidad. Se ha querido ver a la Iglesia como roca firme que perdura por milenios. Pero, en realidad, el evangelio se nos dio para andar con humanidad nuestros caminos. Somos caminantes en la fe, creyentes que no se instalan en dogmas a perpetuidad, samaritanos compasivos que se vuelcan a los caídos en el camino.
¿Cómo cultivar una fe de caminantes? ¿Cómo es la fe de los que entienden a Jesús, a los magos como hombres de caminos?
- Caminamos con nuestras dudas y errores: porque la duda es el paso necesario para la luz. Es de temer una fe que no duda. Una búsqueda saludable es condición para andar en los caminos.
- Caminamos con nuestra sed y anhelos: porque mientras estos estén vivos tendrá sentido ir tras ellos. La sed de humanidad y los anhelos de una sociedad igualitaria y equitativa.
- Caminamos con el inestimable amparo de la comunidad: para que el frío y la soledad de los caminos no maten el alma ya que la casa verdadera de la persona es el corazón de quien la ama.
El escritor romano Terencio dijo siglos antes de Cristo: “Nada humano me es ajeno porque soy humano”. Quizá lo más importante en los caminos y sus peligros no sea mantenerse vivo, sino mantenerse humano. La razón de humanidad es la que da sentido a nuestros caminos. Eres humano, caminas bien; no lo eres, tu camino va desviado.
Un camino nuevo que nos cuesta todavía recorrer es el llamado a revertir y controlar el cambio climático por el que muchos pobres y muchos conciudadanos nuestros (6.000 al año en España) mueren a consecuencia de una mala gestión de los gases de efecto invernadero y de los residuos. Son caminos nuevos que se ponen ante nosotros. Al comenzar el año habríamos de animarnos a transitar estas sendas nuevas. Vayamos abrazando los caminos de una economía circular: reutilización, reparación, renovación y reciclaje, en lugar de “extraer-fabricar-desechar”. Nos va en ellos el vigor de nuestra humanidad y de nuestra fe.