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UNO NO LLEVABA TRAJE DE FIESTA

UNO NO LLEVABA TRAJE DE FIESTA

Leyendo algunos pasajes evangélicos nos queda una sensación agridulce: hay cosas que nos agradan y otras que nos dejan perplejos.

Algo de eso o curre con esta parábola de los invitados al banquete de bodas. Nos agrada que la sala se llene de comensales, buenos y malos. Nos sorprende la venganza con que se responde a quienes obraron violentamente. ¿No habíamos quedado en Mt 5,38ss que el “ojo por ojo, diente por diente” estaba superado?

Pero lo que nos deja atónitos es el final. Probablemente sea un añadido porque contradice el sentido de la parábola. Dice que el rey echó a uno del banquete porque NO LLEVABA TRAJE DE FIESTA. Siendo así que se trataba de buenos y malos que vagabundeaban por los cruces de los caminos ¿era exigible un traje de fiesta?

Sospechamos que se está queriendo decir otra cosa: se invita a todo el mundo. Pero las reglas siguen siendo válidas y aquí no puede hacer cualquiera lo que le dé la gana, O sea: en la comunidad de seguidores, en la Iglesia de Jesús, sigue habiendo normas y éstas mandan. Quien no se atiene a ellas, se le echa fuera, se le excomulga.

Pensemos:

- La norma no es antes que el evangelio: hay que aspirar a que el evangelio marque la pauta de conducta de la Iglesia de un modo real, no solamente de manera teórica.

- Todo el mundo tiene derecho a la salvación: derecho que le da Jesús. Por lo tanto el andar distinguiendo entre “todos” y “muchos” es una vaciedad.

- Quien no esté a gusto, que intente estarlo: no se trata de mostrar la puerta de salida a quien no esté a gusto, sino de encontrar entre todos el camino más humano y más evangélico.

Para nuestra sorpresa, la excomunión sigue vigente: se acaba de excomulgar a los seguidores del obispo francés Lefebvre y a las clarisas de Belorado. ¿No se podían haber hecho las cosas de otra manera? ¿Para qué sirve el principio evangélico “al que te pide la capa dale también la túnica” (Lc 6,29)? ¿No se podría haber entablado con los franceses una especie de moratoria, aunque doliese? ¿Tenía que aplicarse la mecánica implacable del sistema? ¿Y qué beneficio saca la Diócesis de Burgos con recobrar el monasterio de las clarisas?

No podemos de sustraernos a la sensación de que la comunidad cristiana realmente no está regida por el evangelio, sino por el Derecho Canónico. ¿Qué puede significar que de los 1.000 estudiantes que tiene la Gregoriana de Roma 300 estén estudiando Derecho Canónico? No acusamos a nadie. Nos miramos a nosotros mismos. Pero nadie nos puede quitar la certeza que uno puede participar en el banquete del reino, aunque no lleve traje de fiesta.

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