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Valéis más vosotros que los gorriones

Valéis más vosotros que los gorriones

El evangelio dice, a veces, cosas muy profundas con palabras sencillas. Basta con leer atentamente.

Eso ocurre con el texto de este domingo. Parece algo obvio: VOSOTROS VALÉIS MÁS QUE LOS GORRIONES. No se quiere comparar unas criaturas con otras. Lo que se pretende es suscitar la confianza porque, sin ella, no es posible vivir humanamente y tampoco cristianamente.

Así es. La confianza es base de la convivencia humana y de la experiencia cristiana.  Vivir temeroso y “armado” frente a la persona es bloquear el camino del corazón. Y si no podemos acceder al corazón del otro hemos fracasado como personas. No lo dudemos: el éxito de la vida es entrar en el corazón del otro. Mientras eso no se dé, la vida no ha llegado a su verdadera meta.

¿Cómo ir superando las dificultades que tenemos cada día para confiar? ¿Con quién habríamos de ejercitar especialmente el valor de la confianza?

- Con la clase política: es posible que tengamos razones para estar desencantados con ella. Pero la política, lo decía el papa Francisco, es una forma excelente de caridad y muchos la ejercen bien. Aunque mantengamos nuestro talante crítico, demos un voto de confianza a quienes nos gobiernan, sean del signo que sean.

- Con la jerarquía eclesiástica: de la que muchos nos sentimos alejados. Mal que bien, nos ayudan en la fe y habríamos de escucharlos siempre con interés pidiéndoles que se acerquen más a la vida real de las comunidades cristianas.

- Con los que vienen a nosotros: porque no puede haber acogida ni integración si no media una cierta confianza. La desconfianza es la base de la exclusión.

Tendríamos que medir el vigor de nuestra fe por esta clase de valores antropológicos elementales: confías cada vez más, el evangelio va haciendo su obra; eres más desconfiado que antes, tienes que seguir trabajando. Si el evangelio no nos cambia algo, ¿para qué nos sirve?

Estamos iniciando el verano, tiempo de mayor comunicación y cercanía. No estaría mal que fuera, así mismo, un tiempo para renovar la confianza, para disipar prejuicios y acercarnos a personas de las que sentimos habernos alejado un poco. Tiempo para la confianza, ese sería un buen verano para nosotros.

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