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El que devora este pan vivirá por mí

El que devora este pan vivirá por mí

El evangelio no busca tanto admiradores cuanto seguidores y seguidoras. Admirar a Jesús es bueno, pero seguirlo es harina de otro costal.

Es que el evangelio de hoy habla de cómo llegar a una fuerte identificación con los valores del evangelio, como quien devora la carne de Jesús, Por eso dice: EL QUE DEVORA ESTE PAN VIVIRÁ POR MÍ. La traducción litúrgica dice “el que come”. Nosotros decimos “el que devora”. Porque “comer” se dice en griego fagein, pero aquí se emplea el verbo trogein que es el comer de las fieras, de los depredadores, “devorar”. Esto es lo que hacen las fieras, no los humanos: comen rasgando, depredando, devorando. Se quiere describir una fuerte identificación. No es el piadoso comer el pan eucarístico que se deshace en la lengua. Es la identificación del que devora, del que anhela, del que mete dentro de sí lo que devora.

Más que de eucaristía se habla aquí de que, para identificarse con Jesús, hay que devorar apasionadamente los valores del evangelio, los que todos conocemos (la paz, el perdón, la compasión, la generosidad, el amor…). Si la fe no nos lleva a esa identificación no somos seguidores y no tenemos dentro la vida de Jesús. Es preciso constatar qué valores van siendo los nuestros para ver si devoramos la carne de Jesús o nos alimentamos de otras cosas:

- ¿La dignidad o el menosprecio?: que tengamos que estar remachando sobre la evidencia de que toda persona es digna resulta penoso. Hay quienes montan su vida sobre el supremacismo y el desprecio al distinto. Nada tienen que ver con la carne de Jesús.

- ¿La fraternidad o el individualismo?: hay quien no entiende que somos interdependientes y que necesitamos vivir en fraternidad social. Se mueven en el clásico egoísmo de lo mío para mí y lo de los demás también. Nada tienen que ver con la carne de Jesús.

- ¿Libertad o coacción?: creen que la libertad es un perjuicio social que lleva al libertinaje, pero ellos coaccionan al débil para sacarle todo el provecho que puedan. Nada tienen que ver con la carne de Jesús.

Tenemos que repetirlo muchas veces para que eso llegue a ser una certeza sólida: ser cristiano no es tanto cumplir una práctica religiosa cuando adquirir e incorporar a la vida una serie de valores. La identidad, como dice Jn 13, está en el servicio. ¿Sirves? Eres seguidor. ¿No sirves? No lo eres.

El papa León está en España. Más allá de la parafernalia religiosa que acompaña esta clase de viajes y que parece inevitable, hay que valorar sus gestos de cercanía a los frágiles sociales: presos, sin techo, inmigrantes, etc. En tales ámbitos se juega la identidad cristiana. En ese camino están las huellas del Nazareno porque su “corpus” no es una custodia, sino el cuerpo de los maltrechos sociales.

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