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Dios no envió su Hijo al mundo para juzgarlo

Dios no envió su Hijo al mundo para juzgarlo

Hay que rescatar del evangelio pasajes que siguen siendo luminosos para nosotros. El texto de este domingo es uno de ellos.

Nos dice: DIOS NO ENVIÓ SU HIJO AL MUNDO PARA JUZGAR AL MUNDO, SINO PARA QUE EL MUNDO SE SALVE POR ÉL. Esto hay que mantenerlo a rajatabla, incluso contra el mismo evangelio que, sin saber escapar de sus límites, añade: “el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios”. ¿En qué quedamos? ¡Cuánto nos cuesta aceptar, simplemente, que Dios no juzga!

No nos extraña. Tanto se nos ha enseñado el juicio de Dios que remover esa losa y tener otra perspectiva nos parece imposible. Pero sería bueno intentarlo. Para empezar habría que comenzar por tratar de controlar al juez que llevamos dentro. Juzgamos rápidamente, sin pruebas, sin matices, sin compasión y así nos equivocamos de medio a medio. Y persistimos en destruir al otro con un juicio inmisericorde sabiendo, como sabemos, que quien juzga también será juzgado.

¿Cómo aminorar nuestra tendencia al juicio?

- Sé más flexible: eso no significa ser un pasota. Es cuestión de tener cintura para saber distinguir lo importante de lo relativo y no echar a perder la relación por tonterías.

- Sé más respetuoso: porque no existe una sola manera de ver la vida. Hay maneras tan buenas, eficaces y respetables como la nuestra. Negar esto es negar la evidencia.

- Sé más espiritual: que no quiere decir ser más religioso, sino ver al otro como alguien que puede ser bueno, que tiene dentro la presencia del Dios que reparte entre todos los seres su alma incorruptible, como decía el libro de la Sabiduría (12,1). Valora al otro no desde ti, sino desde él mismo.

Esta tendencia al juicio se ve hoy aumentada por las redes sociales. No se duda, con comentarios negativos y anónimos que quedan ahí para siempre, en echar a los pies de los caballos la fama y la vida de una persona. Una vez perdida, ya no se recuperará nunca jamás. Es algo imprescindible para la convivencia social llegar a cambiar esa tendencia.

Se cumplen 800 años de la muerte de san Francisco de Asís. Con tal ocasión, el papa León, que pronto nos visitará, ha escrito una oración franciscana de fraternidad libre de todo juicio donde, entre otras cosas, dice:

Tú [san Francisco] que, desarmado, cruzaste las líneas de la guerra
y la incomprensión,
danos la valentía de construir puentes
allí donde el mundo erige fronteras,

En estos tiempos afligidos por conflicto y división,
intercede para que nos convirtamos en operadores de paz:
testigos desarmados y desarmantes de la paz que viene de Cristo.

Amén.

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