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Algunos dudaban

Algunos dudaban

La Palabra engendra salud espiritual. Leerla con frecuencia nos hace personas y creyentes más saludables. Porque la espiritualidad es buena para el cuerpo y para el alma.

Nos resulta sorprendente que en algunas escenas del final del evangelio, como la que nos relata el texto de este domingo, se diga explícitamente que ALGUNOS DUDARON. La hermosura de la resurrección no lograba apartar la sombra de la duda. El brillo del resucitado no opacaba la perplejidad del corazón. Efectivamente, la duda está en los orígenes de la comunidad cristiana porque anida en los pliegues del alma humana.

La duda puede llevar a la zozobra total, al abandono del camino cristiano. Pero también puede llevar a hacer más fuerte y decidida la opción por Jesús. De las tormentas sale, a veces, la fortaleza. Por eso no hay que temer tanto a la duda cuanto a la rutina que lleva al empobrecimiento.

¿Cómo llevar con elegancia las dudas de la fe para que deriven en una adhesión a Jesús más firme? Se puede considerar:

- Que la duda es buena cuando espolea la búsqueda: la duda no deja que nos conformemos con una fe repetitiva y rutinaria. La duda derriba los ídolos que construye la rutina.

- Que la duda es buena cuando nos lleva al grupo cristiano: las dudas trabajadas en común siempre llevan a la luz, fortalecen la relación y abren horizontes insospechados.

- Que la duda nos hace más empáticos con quien anda en debilidad: porque se descubre, como decía san Pablo, que en la debilidad se encierra una fuerza muy potente.

En nuestra juventud tuvimos de profesor de Biblia a un obispo (monseñor Descamps) que nos decía que la fe, para que sea buena, ha de ser un poco oscura, como el café. Si éste es claro, malo. Una fe excesivamente “clara” tiene el peligro de poner el acento en cosas que no tienen importancia y de situarnos en entornos de fanatismo.

En la película “Cónclave” se acuña una frase potente: «Nuestra fe es algo vivo porque precisamente camina de la mano de la duda. Si solo existiera la certeza y ninguna duda no habría misterio». Esto es cierto. Misterio y duda se entrelazan. No buscamos la duda, pero cuando viene con la fe, la integramos en el proceso cristiano. Así creemos, así caminamos.

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