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Podrá entrar y salir

Podrá entrar y salir

Hay textos evangélicos que ensanchan el corazón, que abren horizontes nuevos, que siguen haciéndonos sugerencias interesantes.

Uno de ellos es el de este domingo que compara a Jesús con una puerta por la que se entra y se sale con toda libertad: YO SOY LA PUERTA…PODRÁ ENTRAR Y SALIR. La sabiduría popular es clara: “Si puertas, para qué abiertas; y si abiertas, para qué puertas”. Porque la finalidad de una puerta es, sobre todo, estar cerrada para defenderse, para aislarse, para separarse.

Jesús es una puerta extraña, una puerta de libertad, por la que se puede entrar y salir porque nunca se cierra a nadie. A cualquier hora de cualquier día o de la noche se halla abierta. Quien se decide a entrar, entra; y quien quiere salir, sale. La fe cristiana, el seguimiento de Jesús ha de integrar el concepto de libertad porque una fe obligada es como un amor obligado, un contrasentido. Siempre habrá que tener vivo aquel aserto de san Pablo: “Para ser libres nos liberó Cristo Jesús” (Gál 5,1).

¿Dónde habríamos de reclamar hoy el derecho a entrar y salir por la puerta que es Jesús?

- Libertad para profesar la fe y para alejarse de ella: aunque nos duela, hay que aceptar que haya quienes quieren abandonar la Iglesia apostatando explícitamente de la fe. Ha de ser también un interrogante para nosotros.

- Libertad para contraer matrimonio y para disolver el vínculo: porque hay que reconocer la evidencia de que, a veces, el amor se muere y no es posible recomponerlo. Libertad para rehacer la vida y respeto por nuestra parte.

- Libertad para el clérigo no casado y para el casado: porque la demanda del celibato opcional para los sacerdotes es razonable y se inserta también en la radical libertad para amar.

Ya sabemos que son terrenos resbaladizos y que es preciso hacer todos los matices que sean necesarios. Pero son temas candentes que surgen en nuestras conversaciones y que es preciso que suenen también en las asambleas dominicales, al menos de vez en cuando. Escandalizarse de ellos sería no entender a Jesús “puerta” y no comprender el principio de libertad cristiana que rige la fe.

Hay creyentes rígidos y radicales que combaten la libertad cristiana. Pero la Pascua que estamos celebrando es una Pascua de libertad, la mayor de todas, la libertad para que siempre triunfe el bien. Esa es la libertad del resucitado. Si ponemos demasiadas pegas es que quizá necesitamos ahondar en la senda de la libertad. Jesús de Nazaret nos abrió camino.

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