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Conviene que así cumplamos toda justicia

Conviene que así cumplamos toda justicia

A veces encontramos en los evangelios expresiones que no nos suenan a nada. Haríamos bien en no pasar de largo porque, con frecuencia, tales expresiones contienen una gran densidad de mensaje.

Una de ellas la hemos leído en el evangelio de hoy. Cuando Jesús se presenta al Bautista, en un escenario popular, para recibir el bautismo, Juan parece oponerse por una presunta inferioridad. Jesús le responde con una de esas expresiones enigmáticas de los evangelios. “Déjalo ya. CONVIENE QUE ASÍ CUMPLAMOS TODA JUSTICIA”. ¿Qué quiere decir esto?

El bautismo de Juan, todo bautismo, no es solamente un signo de penitencia. Es también un signo de justicia. Efectivamente, recibiendo el bautismo se apunta uno a una vida en justicia. Porque una vida de bautizado sin justicia es una vaciedad.  Quien se bautiza está diciendo que, a partir de ahora, su vida ha de ser compatible con la justicia y la bondad. De lo contrario, el rito se vacía de sentido. Raramente se unen bautismo y justicia. Pero es así: una vida injusta deja sin sentido al bautismo cristiano.

Por eso mismo, ¿cómo nosotros que hemos recibido el bautismo podríamos llenarlo de la espiritualidad de la justicia?

- Manteniendo vivo el anhelo: no digas que esto de la justicia está obsoleto. Cree de verdad que un mundo en justicia es posible si  todos arrimamos el hombro. Creer en Dios es fácil; es más complicado creer en la justicia.

- Siendo honrados con lo real: no ocultes tus comportamientos injustos. Dales cara. Trata de ser honrado, bueno y compasivo. Vuelve a las sendas del bien cada vez que te alejes de ellas. Repara el mal que haces.

- Viviendo en equidad: piensa que es justo que los más débiles reciban más amparo. No te posiciones contra los necesitados sociales: los sin techo, los menores inmigrantes, quienes vienen a nosotros desde los submundos de la pobreza.

Muchas veces hemos hablado de recuperar nuestro bautismo que no está ni en nuestro recuerdo porque a la gran mayoría nos bautizaron a poco de nacer. Podemos recuperarlo llenándolo de la espiritualidad de la justicia. Para empezar, cuando celebremos el bautismo de un niño de nuestras familias no lo vivamos simplemente como una fiesta simpática, casi infantil. Démosle todo el contenido de la justicia. Si participas en un bautismo te apuntas a la justicia. Si no fuera así, casi mejor no celebrarlo. Que suene en la celebración el asunto de la justicia.

Y pensemos, nosotros bautizados, que la justicia no es  algo pasado de moda que no tiene que ver contigo. ¿No tienes nada que ver con los niños que mueren por desnutrición? ¿No tienes nada que ver con las más de 50 guerras que hay en el mundo? ¿Vas mirar para otro lado ante la economía que mata? ¿No te importa nada que los efectos del cambio climático sean mortales para muchos? ¿Crees que nada tienes que ver con la pobreza de nuestra sociedad española? ¿No eres, de alguna manera, familia de quien no tiene techo y se halla en gran desamparo? Que no nos sean ajenas y molestas estas preguntas. Porque si no, ¿para qué sirve que estemos bautizados?

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